jueves, 11 de octubre de 2012

Las epístolas del Apóstol San Aldo (Episodio I)


Como en toda corte que se precie de tal, la imperial tiene sus propias internas. No todos los golpes sueles venir de los Ocho Jinetes Destituyentes (lo siento por el ego de los 8) y, más allá de lo que digan, los/as cortesanos/as bien lo saben. El Rector Imperial también lo sabe y suele aprovecharse de esta situación para evitar que ninguno/a de sus vasallos/as pueda opacar su esplendor. Por ello de a ratos muestra preferencias por unos/as u otros/as y elige un vicerrector ausente para que cada vasallo piense que a la espera del "Retorno del Virrey" él/ella es la verdadera autoridad.

En ocasiones las intrigas cortesanas suelen jugar un rol importante en el equilibrio de la corte y llegan a marcar los ritmos de los ascensos y caídas en desgracia. Es así que en la corta vida del virreinato andino, antes de la llegada del “Virrey ausente” hubo numerosos cambios de alianzas gobernantes, algunas de las cuales generaron tales antagonismos que difícilmente puedan ser superados. Y en más de un golpe palaciego, las divisiones al interior de la misma corte han operado para la lograr la entrada en desgracia de algún “favorito/a” imperial.

Este bien podría ser el caso del Apóstol San Aldo (también conocido como “el solitarense”), quien, a pesar de haber ocupado otrora el cargo de virrey, hoy es una figura casi olvidada en la corte, trasformado en el hazmerreír de rectores imperiales, nobles y plebeyos. Recientemente la publicación de su “Epístola a los unerrensenses” -además de recordarnos su existencia- habría desnudado su interna con la Suma Inquisidora, cuyas bulas se rehúsa a firmar y opta (como hace rato que parece que viene haciendo) por la soledad de su apostolado. Desde allí ha de advertir a periodistas, nobles y plebeyos/as sobre las extraordinarias capacidades del Rector Imperial, los dones de la familia real, los “errorcitos” en los que se hayan podido incurrir en tan magnánima obra y las diabólicas maquinaciones de los “Ocho Jinetes Destituyentes”.

Respecto de las divinas capacidades del Rector Imperial el Apostol San Aldo nos advierte en su "Primera Carta a los Barilochenses" que "por sus capacidades quien resultare ungido por el Rector Imperial vuélvese, si bien no infalible, al menos magnánimo y sobrehumano en sus capacidades, siendo digno de adoración"

En relación a este segundo tema, el de la reverencia frente a la autoridad imperial San Aldo solitanrense señala en su “Segunda Carta a los Barilochenses” que:

“ Si no se le recuerda a la plebe las bondades del gobierno imperial, ésta podrá volverse víctima fácil de las maquinaciones de Satán. Y así engañados los plebeyos se levantarán descontentos, guiados por falsos profetas, objetarán las sagradas escrituras condensadas en el Estatuto Imperial y señalarán abusos imperiales (que en tan grande obra puede que alguno se haya escabullido). De entre estos falsos profetas emergerán los ocho, tremendos y poderosos. En los feudos se los conocerá como los “Ocho Jinetes Destituyentes”, e impulsarán las pestes de nuestro tiempo: caos, crítica, autonomía, virus informáticos, descontento, ceniza volcánica, gripe aviar, reflexión y rock and roll. Serán Tiempos difíciles y el Orden necesitará de una mano firme para imponerse.”


Jinetes Destituyentes. Para San Aldo Apóstol serían causantes de la publicación irresponsable en los medios y de que los/as periodistas no consulten a las autoridades imperiales para que éstas les confirmen que "ta todo bien". 

1 comentario:

  1. San Aldo tiene algunos (anti)paralelismos con San Francisco de Asis. Este se apartó de los bienes materiales para tomar el camino del temor de Dios, mientras que San Aldo tomó el camino del temor del Bello para acercarse a los recursos materializados en cuanto subsidio entre a la UNRN. Y en lugar de entregar todo a los pobres, San Aldo le niega recursos a todos con la consabida frase "la plata nostá". Pero no nos corresponde a nosotros preguntar: los caminos del señor son inescrutables.

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