miércoles, 14 de noviembre de 2012

El rey, los notables de la comarca y los plebeyos

Cuenta el pobre Polonio, quien a esta altura comienza a hartarse de vivir detrás de las cortinas, que escuchó "así como quien no quiere la cosa" que en la cercana comarca los ánimos estarían algo caldeados entre docentes y estudiantes por cierta reunión a escondidas que habría habido hace algunos días entre docentes adictos y su magnánima majestad. Según la crónica publicada en los Annales Reales, el rey habría pasado cabalgando por los prados de la comarca cuando decidió detenerse frente al palacio del ducado local. En ese momento habría pensado en -aprovechando su presencia- reunir a sus vasallos para compartir un alegre momento con la gente linda de la comarca. Casual -y lamentablemente- sólo habrían podido asistir al encuentro con su Majestad unos pocos docentes acólitos del régimen y el grumete principal de la corte bolsonera. Como sostiene un atento observador de la comarca: "La lista es demasiado escueta y tendenciosa para ser casualidad". El grumete principal -cuentan- ofreció disculpas y asumió los errores de “comunicación” con los docentes, atribuyendo el malentendido a las dificultades experimentadas con lechuzas y palomas mensajeras. A falta de otra técnica parece que habría invitado a la comunidad al festín a través de señales de humo "o algún otro método que nadie pudo ver". 
Aparentemente ciertos dichos de uno de los convidados al evento habrían dado a conocer al resto de la comunidad local el secreto del encuentro realizado entre gallos y medianoche con el doce de copas patagónico.
Respecto al contenido del cónclave, los/as asistentes pudieron escuchar a su majestad hablando procupado acerca del estado las arcas reales y de todos los doblones de oro y plata del reino que, año a año, van a parar a un oneroso "gasto"(sic): “los profesores”. Tal vez alguien podría haberle preguntado a su majestad sobre cuáles serían las teorías que sustentan la concepción de que la inversión en recursos humanos por parte del Estado sea considerada un “gasto”, pero ya sabemos, no hubo tiempo y en la Universidad Imperial las preguntas incómodas nunca son muy bien recibidas. Así que después de tres horas de atenta escucha todo concluyó, siendo el principal efecto de la charla -además del enojo de los/as ausentes- el “hambre y sueño” de los notables de la comarca.
Secretísimas (y exclusivas). Así serían las reuniones de su Majestad imperial con sus vasallos de la comarca.

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