miércoles, 28 de noviembre de 2012

La ira del Señor


Por el Espejo mágico de Su Majestad

El amo no es lo que era. Su humor no es lo que era. Cada vez que me pregunta algo temo salir volando de la Sala de los espejos que tiene en su torre. Está irascible, irritable.
El amo ya no es lo que era. Su humor tampoco. Basta mencionar a ciertas personas para que su cara se ponga roja, se ericen sus cabellos y monte en cólera. Como espejo real estoy preocupado. Es incomprensible como la mera mención del nombre de simples mortales, sin importar cuan pequeños sean en comparación a su magnificencia, puede provocarle tanta ira. Y en sus arranques, lo sé -y lo saben- es mejor no interponerse en su camino.
Al principio era algo que pasaba en privado. Poco a poco empezó a pasarle en presencia de cortesanos/as, luego frente a cualquier súbdito. Ahora ya le pasa hasta en reuniones y entrevistas radiales. Y en esos momentos no se controla. A veces, en su ira, pierde conciencia del fin de su poder y pide nombres y apellidos de sus interlocutores/as. En esos momento tengo miedo… lo escucho trabarse en su discurso y veo como se altera el color de su semblante. Lo sé porque a veces soy yo quien debe devolverle su imagen. Y, créanme, no es divertido, en absoluto.


Miedo.  Sería lo que generan en terceros los ataques de ira que experimenta su Majestad frente a la mera mención de ciertas personas.

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