Libro Segundo*
El concilio pensó
que frente a la tarea que le había sido requerida por el futuro Rector Imperial
no quedaba más opción que preguntarse quién querría acompañarlo en esta
cruzada. Virreyes había ya habido muchos en este virreinato e incluso la cuenta
con virreinas se había ampliado. Y entre los/as nobles que podían ejercer tal
cargo no faltaban las rencillas y enconados enfrentamientos. Muchos/as se
celaban el favor real y se detestaban y en más de una ocasión los unos/as
contra los/as otros se complotaban. Muchos/as no quisieron participar del tal
juego pendenciero, como tampoco faltaron quienes sin estar muy convencidos a la
compulsa fueron empujados. Y fue así que tres candidatos se erigieron; “Ángeles
de Charlie” fueron por algunos/as nombrados y compitieron por el favor del rey
y de los notables. Todos adujeron que con el beneplácito real cada uno de ellos
contaba y hay quienes cuentan que mientras estos desde su torre escuchaba, el
rey alguna que otra sonrisa esbozaba. Algunos, no sin razón, intuyeron que en
esta lista faltaba una artera educadora que el cetro virreinal añoraba. Mas por
su falta de popularidad y también por su mayor habilidad en ardides prefirió
urdir sus planes en las sombras. Finalmente, sobre el final, incluso quien por
entonces era regente encontró los títulos nobiliarios que la avalaban y
postulose para el cargo.
Sin embargo antes de
que esto pasara las discusiones se sucedieron y en las mismas los argumentos se
oponían y las lechuzas salían a toda hora con los mensajes más diversos. Las
reuniones del concilio se complejizaban puesto que algunos/as nobles recalcaban
que era a ellos/as y no a este concilio ampliado a quienes el rey había
solicitado consejo. Otras voces remarcaban que no estaba mal escuchar a todo el
estamento pero suponían que sería una falta de sabiduría que los votos de
grandes y pequeños valieran por igual. No faltó tampoco quien se autoadjudicara
el rol de responsable guardián y vigilante de playas, atento contra las
llegadas de olas y tormentas y previniera la ilegitimidad de valorar cual si lo
mismo fueran los votos de nobles consagrados que los de plebeyos auxiliares.
Y en solemne
jornada, el gran hall de un palacio los tres ángeles discutieron ante todos los
estamentos que fueron especialmente invitados al evento. En aquel momento los
estamentos preguntaron y los ángeles respondieron. Amigos, los Ángeles de
Charlie parecían y en público pocos/as aventuraban un destino seguro para la
competencia. Había quienes la tomaban más seriamente, había quienes sospechaban
un aire de charada a semejante carnavaleada y tampoco faltaban quienes intuían
los reales designios del rey y, entretanto, por lo bajo se reían. Como antes se
señalara, aún antes del fin un cuarto ángel se alzó, y conocida por un nombre
que de los suyos no era el primero se encaminó también a la carrera virreinal.
Mientras tanto en el
concilio ampliado los/as notables hablaban ya menos y rápidas corrieron algunas
voces conspiradoras. Algunos/as la veían tejiendo entre las sombras, otros/as
la sospechaban en su función maquinadora. Conspiradora, decían unos/as,
traidora, proferían otros/as; mas en algo acordaban ambos/as grupos y era en
que, al menos, en cuatro letras de coincidencia intuían cierta pestilencia. Y
puede que esa haya sido una de las pocas coincidencias a las que habían llegado
en el concilio. Falta de coincidencias que era sabida por el Rey quien, a pesar
de estar pronto a estrenar su nueva corona, no había dejado de consultar los
espejos de la torre. Y para su diversión y para que sus vasallos/as
evidenciaran su juego les dejó continuar con su carnavaleada democrática.
(Continuará…)
Tres lo Ángeles de
Charlie habían sido por no encontrarse títulos nobiliarias acordes para la
cuarta hasta que el problema fue solucionado y en cuatro los/as aspirantes al
cargo virreinal se convirtieron. Nota del editor: puede haber alguna diferencia en las siluetas publicadas respecto de las originales.
*“El Retorno del
Virrey” es una obra de ficción. Si las situaciones, personajes u otras
cuestiones parecen reales, es pura coincidencia. Más aún si se trata de eventos
ocurridos en el primer semestre del año 2011.


También cuenta la leyenda que, más cercanos en el tiempo, el rey habría decidido salir a realizar su acto imperial procurando convencer a súbditos e inversores varios de los beneficios de abrir nuevas carreras ya no con apoyo institucional sino (mejor) con apoyo financiero.
ResponderEliminarCaso sería de su reciente paso por la lejana comarca andina del paralelo 42 adónde habría asombrado a propios y extraño proclamando las bondades de adherir a la causa de una carrera surgida de la pasión de su secretario de pócimas vegetales.
En sus puntos culminantes su proclama habría versado sobre la máxima "¡si quieren la carrera, tendrán que aportar!". Los concurrentes habrían sonreído amablemente aunque sus verdaderos sentimientos sobre el tema sólo se lo confiarían a sus almohadas.