Por el Espejo mágico de Su Majestad
El amo no es lo que era. Su humor no es lo que era. Cada vez
que me pregunta algo temo salir volando de la Sala de los espejos que tiene en su torre. Está
irascible, irritable.
El amo ya no es lo que era. Su humor tampoco. Basta
mencionar a ciertas personas para que su cara se ponga roja, se ericen sus
cabellos y monte en cólera. Como espejo real estoy preocupado. Es
incomprensible como la mera mención del nombre de simples mortales, sin
importar cuan pequeños sean en comparación a su magnificencia, puede provocarle
tanta ira. Y en sus arranques, lo sé -y lo saben- es mejor no interponerse en
su camino.
Al principio era algo que pasaba en privado. Poco a poco
empezó a pasarle en presencia de cortesanos/as, luego frente a cualquier súbdito.
Ahora ya le pasa hasta en reuniones y entrevistas radiales. Y en esos momentos
no se controla. A veces, en su ira, pierde conciencia del fin de su poder y
pide nombres y apellidos de sus interlocutores/as. En esos momento tengo miedo…
lo escucho trabarse en su discurso y veo como se altera el color de su
semblante. Lo sé porque a veces soy yo quien debe devolverle su imagen. Y,
créanme, no es divertido, en absoluto.
Miedo. Sería lo que generan en terceros los ataques de ira que experimenta su Majestad frente a la mera mención de ciertas personas.

¿Qué te pasha, Juanca? ¿Estash nerviosho!?
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